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Plutarco y el platonismo medio

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En la nota anterior, referida a la Academia platónica, vimos ya que Antíoco de Ascalón abría el platonismo al eclecticismo (como unidad de platonismo y aristotelismo, entre otras corrientes), y que antes Arcesilao y Carnéades lo habían impregnado de escepticismo. Pues bien, iniciándose en el siglo I después de Cristo se desarrolla una corriente intelectual que tratará de dar nuevos aires al pensamiento de Platón, abrazando las características mencionadas y adoptando otras nuevas.

Esta corriente es el platonismo medio. Como es difícil que un movimiento de este tipo sea ajeno a la tradición religiosa de su tiempo, el platonismo medio se vio influido por creencias y fideísmos de distinta índole, por lo que no es de extrañar que en él “hallemos insistencia en la trascendencia de la Divinidad [...], junto con la teoría de los seres intermedios y una creencia en el misticismo” (F. Copleston, Historia de la Filosofía, Vol. 1).

El platonismo medio carecerá de unidad distintiva. Unos querían reg…

La Academia

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Así se conocía la escuela que Platón fundó, en las afueras de Atenas, en el año 387 antes de Cristo. El nombre hacía referencia a la ubicación de la misma, pues se hallaba en los jardines de la capital anexos al santuario dedicado a Akádemos, héroe de la ciudad. En teoría estaba destinada al culto de las musas y a Apolo, pero fue foco igualmente de una productiva labor filosófica y científica, dado que se enseñaban matemáticas, música, astronomía y se prestaba una atención especial a la dialéctica. (Poco después, en 391 antes de Cristo, Isócrates fundaría su propia escuela ateniense, rival de la platónica, centrada en el arte de la retórica; Platón criticará a Isócrates en su diálogo Gorgias, considerando a la filosofía como el auténtico conocimiento y a la retórica como mero artificio destinado a persuadir)

Núcleo de la propedéutica del platonismo, en la Academia se celebraban debates y discusiones, diálogos y lecciones, que tenían repercusión no sólo intelectualmente (en religión o c…

Jaime Balmes (y II)

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2. Otros temas

-Extensión

Gracias a la extensión, que percibimos por los sentidos, conocemos el mundo externo. Balmes, sin embargo, sostiene que, de hecho, podría ser la única forma de percepción de los objetos que constituyen aquel, toda vez que “las cualidades sensibles de éstos son percibidas como fenómenos internos producidos por agentes exteriores según la teoría de la causalidad”. Privados de este modo de captar su extensión, lo que queda es un fenómeno interno y una idea del ser externo responsable de aquel. O sea, si de un objeto prescindimos de su extensión, nada sabremos acerca de su esencia o principios.

-Ideas y su conocimiento

El pensamiento racional, nos dice Balmes, no procede de las sensaciones, sino de la facultad inmaterial del alma. Los datos sensibles, sin embargo, dotan a las ideas de su “material cognoscitivo”. Los conceptos construidos después a partir de ese material son, simplemente, la actividad del entendimiento. Nuestras ideas, que son “el puro percibir intelec…

Darvinismo social y racismo

"Los esfuerzos del hombre por conocerse a sí mismo se ven a menudo frustrados por su tendencia a ocultarse la verdad. La revolución industrial no logró beneficiar a todos por igual. En el siglo XIX coexistían en las ciudades de Europa y América la pobreza y la suciedad con un confort y lujo crecientes. En realidad no se trataba de nada nuevo; la disparidad de riqueza y posición social han intervenido cada vez más en la escena social desde que las simples economías de acumulación de alimentos y bajas densidades de población dieron paso a estructuras económicas más complejas y poblaciones crecientes. Lo que constituía una novedad era la rápida estructuración del mundo en imperios coloniales. La mayor parte de la humanidad se convirtió en «razas dominadas», a las que había que elevar e incluso civilizar; el método pedagógico consistía en poner a trabajar a los sometidos en provecho de sus amos blancos. Si alguno de éstos sentía la necesidad de tener la conciencia tranquila, un himno…

Jaime Balmes (I)

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El pensamiento filosófico español del siglo XIX abraza dos direcciones bien diferenciadas: por un lado, la tradicionalista, que viene ilustrada por el escolástica y, por otro lado, la liberal, más receptiva con las nuevas corrientes filosóficas europeas. Si hay un pensador que, de algún modo, adopta ambas, ése es Jaime Balmes, pues poseyó una formación escolástica convencional que, sin embargo, compaginó con su adscripción a la escuela catalana del sentido común. De hecho, Balmes es considerado hoy como el más eminente restaurador de la primera, y el miembro de mayor relevancia de la segunda. A. Guy le ha juzgado como “el mejor filósofo del siglo XIX español”, aunque en su tiempo fue criticado, por los liberales, que le veían como el más tradicionalista de los escolásticos, y, por éstos, que le consideraban un progresista heterodoxo.

Nacido en 1810 en Vic (Barcelona), estudió en la Universidad de Cervera, doctorándose en teología y derecho canónigo. Leyó y analizó en profundidad la S…